El distinto tratamiento que recibe el mito de Apolo y Dafne en estos dos sonetos, cuyos autores son Garcilaso de la Vega y Francisco de Quevedo, revela un cambio de época, de estética, de sensibilidad, de forma de pensar y sentir, una distinta manera de representar el mundo y de situarse en él; que es la que va del Renacimiento al Barroco, de Garcilaso (1501-1536) a Quevedo (1580-1645), del optimismo del siglo XVI al desengaño del XVII, de la idealización renacentista a la desmitificación barroca, de la elevación del mito a la imposibilidad de mantenerlo en pie, del ennoblecimiento a la degradación transgresora, de una Dafne como modelo de celo virginal a una Dafne más libre, de un Apolo platónicamente enamorado a un Apolo hedonista…
GARCILASO DE LA VEGASONETO XIII
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!
FRANCISCO DE QUEVEDOA DAFNE, HUYENDO DE APOLO
“Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
cargado de bochornos y cometas.”Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras.









